Doctor en Alaska
Hay series que entretienen. Y luego están las que uno visita de vez en cuando, como quien vuelve a un pueblo donde fue feliz. Esta chapa es un pequeño viaje de regreso a Cicely, Alaska.
Antes de las plataformas, antes de los maratones de series y antes de que existiera eso de "solo un capítulo más", hubo un pequeño pueblo perdido en Alaska donde parecía que el tiempo corría de otra manera.
Cicely no existía en los mapas, pero todos sabíamos llegar.
Allí nos esperaban Joel Fleischman, Maggie, Chris Stevens, Ed, Ruth-Anne, Holling, Maurice... y un puñado de personajes tan extraños como entrañables. Personas que discutían de filosofía en la radio, hablaban con los alces, se enamoraban, se equivocaban y conseguían que cada episodio pareciera una conversación con un viejo amigo.
Doctor en Alaska nunca fue una serie de médicos. Era una serie sobre las personas. Sobre aprender a mirar el mundo un poco más despacio. Sobre descubrir que las respuestas importantes no siempre llegan cuando las buscas.
Esta chapa reproduce el mítico cartel de entrada a Cicely, Alaska, el lugar al que muchos seguimos regresando cada vez que necesitamos una dosis de calma, humor y humanidad.
Porque algunas series envejecen.
Y otras, sencillamente, encuentran nuevos espectadores.